Leyendas llaneras


Leyenda de Florentino y El Diablo

No sin cierto orgullo, por encontrar en su genealogía social patrones del coplero Florentino, que son los propios del hombre de sabana. Cuenta la tradición popular en boca de los viejos llaneros, extendida a lo largo y acho de la planicie colombo venezolana, que Florentino era un hombre de los que no conocían el miedo y sentían gran placer al enfrentarse al peligro, fiel conocedor de los atajos y vericuetos del llano, inigualable en cada faena, buen jinete, domador y coleador de amplio llano, amigo de las parrandas. En una fiesta llanera, para repicar un zapateo, no era renco ni medroso y en el contrapunteo ni el mismo Satanás pudo comparársele.

La leyenda de Florentino y el diablo es considerada como uno de los sublimes monumentos líricos del pueblo venezolano, con más de 35 versiones populares y otras muchas corregidas y ampliadas por el propio escritor durante más de 25 años, entre las que podemos citar las de 1940, 1950 y 1957. Interpretaciones populares que referencian el embrujo mágico por los versos octosílabos de Torrealba y que la convierten, sin lugar a dudas, en la composición poética más difundida, "popularizada" y enaltecida del folclor del inmenso llano colombo-venezolano.

La leyenda de florentino y el diablo es un referente categórico del torrente mítico que riega el extenso escenario común de nuestros imaginarios, y es una muestra de que tenemos indelebles vínculos de hermandad en la cultura.

 Audio de Florentino y el Diablo

Florentino Y El Diablo

Alberto Arvelo Torrealba

(Versión final de 1957)

  • El Reto

    El Reto

    El coplero Florentino
    por el ancho terraplén
    caminos del Desamparo
    desanda a golpe de seis.
    
    Puntero en la soledad
    que enlutan llamas de ayer,
    macolla de tierra errante
    le nace bajo el corcel.
    
    Ojo ciego el lagunazo
    sin junco, garza ni grey,
    dura cuenca enterronada
    donde el casco da traspié.
    Los escuálidos espinos
    desnudan su amarillez,
    las chicharras atolondran
    el cenizo anochecer.
    Parece que para el mundo
    La palma sin un vaivén.
    
    El coplero solitario
    vive su grave altivez
    de ir caminando el erial
    como quien pisa vergel.
    En el caño de Las Animas 
    se para muerto de sed
    y en las patas del castaño
    ve lo claro del jagüey.
    
    El cacho de beber tira,
    en agua lo oye caer;
    cuando lo va levantando
    se le salpican los pies,
    pero del cuerno vacío
    ni gota pudo beber.
    Vuelve a tirarlo y salpica
    el agua clara otra vez,
    ávido sorbo susurran
    los belfos del palafrén;
    dulce rosario destila
    del empapado cordel;
    más sólo arena sus ojos
    en el turbio fondo ven.
    
    Yermo la frente, el suspiro
    doblada espiga sin mies,
    la sabia ardiendo en la imagen
    de nunca reverdecer,
    mirada y rumbo el coplero
    pone para su caney,
    cuando con trote sombrío 
    oye un jinete tras él.
    
    Negra se le ve la manta,
    negro el caballo también;
    bajo el negro pelueguama
    la cara no se le ve.
    Pasa cantando en romance
    sin la mirada volver:
    "En la negra orilla del mundo
    se han de hallar de quien a quien
    aquel que ve sin mirar
    y aquél que mira sin ver.
    
    "Cuando esté más hondo el río
    aguárdame en Santa Inés,
    que yo lo voy a buscar
    para cantar con úste.
    
    "Soy retador de juglares
    desde los siglos del rey.
    Le sobra con esperarme
    Si me quiere conocer."
    
    Mala sombra del espanto
    cruza por el terraplén:
    hacia mármoles de ocaso
    se alarga como un ciprés
    Jinetes de lejanía
    acompañan en tropel;
    La encobijan y la borran
    Pajas del anochecer.
    
    La palma en la luz agónica
    centra pávido ajimez.
    
    Florentino taciturno
    coge el banco de través.
    Puntero en la soledad
    que enlutan llamas de ayer,
    caminante sin camino,
    resero si una res,
    parece que va soñando
    con la sabana en la sien.
    En un verso largo y hondo
    se le estira el tono fiel,
    con su América andaluza
    en lo español barinés:
    "Sabana, sabana, tierra
    que hace sudar y querer,
    parada con tanto rumbo,
    con agua y muerta de sed.
    Una con mi alma en lo sola,
    una con Dios en la fe;
    sobre tu pecho desnudo
    yo me paro a responder:
    sepa el cantador sombrío 
    que yo cumplo con mi ley
    y como canté con todos
    tengo que cantar con él.
    
  • Santa Inés

    Santa Inés

    Noche de fiero chubasco
    por la enlutada llanura,
    y de encendidas chipolas
    que el rancho del peón alumbran.
    
    Adentro suena el capacho,
    afuera bate la lluvia;
    vena en corazón de cedro
    el bordón mana ternura.
    
    No lejos asoma el río
    pecho de sabana sucia.
    Inmóviles carameras
    Pávidos brazos desnudan.
    Escombros de minas lóbregas
    El trueno arrastra y derrumba.
    Más allá coros errantes,
    ventarrón de negra furia,
    y mientras se duerme el son
    y en las cuerdas vagabundas
    el rayo a la palma sola
    le tira señeras puntas.
    
    Canta una voz sabanera
    Con el pensamiento pura,
    Por la ilusión cristalina,
    Por el aguardiente turbia:
    
    "Piqué con la media noche 
    cimarroneras en fuga:
    le eché soga a un orejano
    y enlacé la media luna.
    
    "Después cruzando sediento
    sobre la arena desnuda
    vide la tierra estrellada
    con lirios de primer lluvia.
    
    "Y como si todo fuera
    por caprichos de fortuna,
    le abrí mi lazo al amor:
    sólo enlacé la amargura.
    
    "Desde entonces en mi libro
    hay no más que dos pinturas:
    el chaparro en la candela
    y el pimpollo en la garúa.
    
    "Por eso sé distinguir
    en los ayes que te cruzan,
    montañas de Santa Inés,
    clamor de la gente tuya:
    
    "Fusileros federales
    en godas cabalgaduras
    anunciando la pelea:
    la del siempre con el nunca."
    
    Súbito un hombre en la puerta:
    indio de grave postura,
    ojos negros, pelo negro,
    frente de cálida arruga,
    pelo de guama luciente
    que con el candil relumbra, 
    faja de hebilla lustrosa
    con letras que se entrecruzan,
    mano de sobrio tatuaje,
    lunar de sangre en la nuca.
    Un golpe de viento guapo 
    le pone a volar la blusa,
    y se le ve jeme y medio
    de puñal en la cintura.
    
    Entra callado y se apuesta
    para el lado de la música.
    Dos dientes de oro le aclaran
    la sonrisa taciturna.
    "Oiga vale, ese es el Diablo"
    -La voz por la sala cruza-
    
    "Fíjese cómo llegó,
    sin cobija ni montura,
    planchada y seca la ropa
    con tanto barrial y lluvia,
    alpargatas nuevecitas,
    relucientes de negrura.
    "Dicen que pasó temprano,
    como quien viene de Nutrias,
    con un oscuro bonguero
    por el paso de Las Brujas."
    
    Florentino está silbando
    sones de añeja bravura
    y su diestra echa a volar
    ansias que pisa la zurda,
    sol menor de soledades
    que los dedos desmenuzan,
    cuando el indio pico de oro
    con su canto lo saluda:
    
    El Diablo
    
    Catire quita pesares,
    contésteme esta pregunta:
    ¿Cuál es el gallo que siempre 
    lleva ventaja en la lucha
    y aunque le den en el pico
    tiene picada segura?
    
    Florentino
    
    Tiene picada segura
    el gallo que se rebate
    y no se atraviesa nunca,
    bueno si tira de pie,
    mejor si agarra en la pluma.
    
    El Diablo
    
    Mejor si agarra en la pluma.
    Si sabe tanto de todo
    diga ¿cuál es la república
    donde el tesoro es botín
    sin dificultá ninguna?
    
    Florentino
    
    Sin dificultá ninguna
    la colmena en el papayo,
    que es el palo de blanda pulpa:
    el que no carga machete
    saca la miel de las uñas.
    
    El Diablo
    
    Saca la miel de las uñas.
    Respóndame la tercera
    si contestó la segunda:
    ¿Cuáles son los cuatro ríos
    que llevan la misma ruta,
    silentes si no los pasan,
    sonoros cuando los cruzan?
    
    Florentino
    
    Sonoros cuando los cruzan.
    La cuatro cuerdas del cuatro
    en pecho de quien las pulsa:
    salpica el tono en el traste
    como en la piedra la espuma.
    El que interroga se enreda
    en sus propias conjeturas
    si el que aprendió a responder
    juega con la pregunta.
    
    El Diablo
    
    Juega con la pregunta.
    Defiéndase de la cuarta
    Si tiene tanta facundia:
    ¿Quién sin látigo ni espuela,
    jinete, la marcha apura
    sobre el que no da caballo
    pero sí puede dar mula?
    
    Florentino
    
    Pero sí puede dar mula.
    Esa pregunta retrata
    
    en pelo como en jamugas
    al muchacho que va al trote
    y acelera por la grupa
    si le hace al burro cosquillas
    donde fue la matadura.
    
    
    El Diablo
    
    Donde fue la matadura.
    Le prevengo que la quinta
    Lleva veneno en la punta:
    Dígame si anduvo tanta
    sabana sin sol ni luna:
    ¿quién es el que bebe arena
    en la noche más oscura?
    
    Florentino
    
    En la noche más oscura
    no ando escondiendo mi sombra
    ni me espanto de la suya.
    Lo malo no es el lanzazo,
    sino quien no lo retruca.
    Sobre los suelos errantes,
    bajo la sed de las dunas,
    por la ribera del mar
    y en la mar de las llanuras
    cuando se quema hasta el aire
    y se tuesta la laguna
    tiene que beber arena
    el que no bebe agua nunca.
    
    El Diablo
    
    El que no bebe agua nunca.
    no me termine el velorio,
    ligando el café con brusca,
    que murciélago no es pájaro
    ni papelón es azúcar.
    Si sabe, dé su razón;
    y si no, no dé ninguna
    ¿Quién en el zumo salobre
    de la zábila se endulza?
    ¿Quién mitiga el fuego amargo
    en jagüey de arena pura?
    ¿Quien mata de sed sin agua
    en la soledad profunda?
    
    Florentino
    
    En la soledad profunda
    el pecho del medanal,
    el romance que lo arrulla,
    la conseja que lo abisma,
    el ánima que lo cruza,
    el humo que lo encobija,
    el soplo que lo desnuda,
    la queja que lo salmodia,
    la candela que lo enluta,
    la palma que lo atalaya,
    el lucero que lo alumbra,
    la esperanza que lo siembra,
    el dolor que lo fecunda.
    ¿Qué culpa tengo señores
    si me encuentra el que me busca?
    
  • El diablo cambia de rima

    El Diablo cambia la rima.

    El Diablo
    
    Si me encuentra el que me busca
    el susto lo descarrea.
    Falta un cuarto pa la una
    cuando el candil parpadea,
    cuando después del chubasco
    la rama triste gotea,
    cuando el espanto sin rumbo
    con su dolor sabanea,
    cuando el ñénguere da el tono
    y la guacaba solfea,
    cuando mi aliento es la mar
    y mi grito es la marea,
    cuando Florentino calla
    porque se le va la idea,
    cuando canta la pavita,
    cuando el gallo menudea.
    
    Florentino
    
    Cuando el gallo menudea
    la garganta se me afina
    y el juicio se me clarea
    como el agua manadora
    que alumbrando gorgotea.
    Con la lección del turpial
    pulo el canto de pelea;
    y con la del espinito
    que en ceja e´ monte florea
    la doy aroma al que pasa
    y espino al que me menea.
    
    El Diablo
    
    Espino al que me menea.
    No le envidio al espinito
    las galas de que alardea:
    cuando la candela pasa
    la plata se le negrea;
    creciente inunda su sombra,
    hormiga lo amarillea
    cigarrón chupa sus flores,
    bachaco anida en su brea,
    verano le tumba la hoja,
    huracán lo zarandea.
    
    Florentino
    
    Huracán lo zarandea.
    el asta siempre está firme
    cuando el pabellón ondea.
    Si el despecho lo atolondra 
    tómese esta panacea 
    prefiero entenderle al mundo
    y no al que tartamudea.
    Loro con ala cortada
    es el que más aletea.
    ¡Quién ha visto un indio en Guayana
    lavando oro sin batea!
    ¡Quién ha visto peón de llano
    que ni enlaza ni colea!
     Le dijo la negra Clara
    A la catira Matea:
    "Si no va a comprar los gofios,
    ¿pa que me los manosea?"
    Yo que le atravieso el golpe
    y el arpa que bordonea.
    
    El Diablo
    
    Y el arpa que bordonea.
    si porque tuerce clavijas
    presume tanta ralea,
    ya no le voy a enseñar
    cómo el traste se puntea,
    haciéndole las escalas
    en fusa y semicorchea.
    También le araño la armónica
    por muy abajo que sea,
    como le subo quintales
    sin mecate y sin polea
    y le conozco el gritico
    del que eriza y cacarea.
    Gallero que entiende su arte
    amolando se recrea:
    sabe que con bulla de ala
    no se cobra la pelea;
    se cobra con puñalada
    cuando la sangre chorrea,
    cuando el vencedor se empina
    y el vencido patalea.
    Vaya poniéndose adelante
    Pa que en lo oscuro me vea.
    
    Florentino
    
    Pa que en lo oscuro me vea.
    No arrime tanto el caballo,
    Que el toro se le chacea.
    Por derecho le salí
    como le toca al que arrea
    y usté va por travesía
    cuando no me culebrea.
    Atrás y alante es lo mismo
    Pa el que no carga manea:
    el de atrás coge respiro
    cuando el de alante jadea,
    el que va atrás ve pa delante
    y el que va alante voltea.
    
    El Diablo
    
    El que va alante voltea.
    a gritarle que se apure
    a quien nunca se aparea
    y a contemplar lo que sube
    borrando lo que verdea:
    en invierno el aguazal,
    en verano la humarea.
    Me gusta cantar al raso
    de noche cuando ventea,
    cuando presagian diluvio
    los sapos en la asamblea,
    y sus sones disonantes
    colman la oscura platea,
    porque así es como se sabe
    quién mejor contrapuntea.
    
    Florentino
    
    Quién mejor contrapuntea 
    hace sus tratos de día
    y trabaja por tarea,
    sin andar averiguando
    si el caballo corcovea
    ni si el patrón tiene atajo
    y donde lo veranea,
    ni los ungüentos del brujo
    faculto en farmacopea
    con nervios de terecay
    y corazón de hicotea,
    ni si se roba el novillo
    el que lo cachilapea,
    ni quién desuella la vaca
    ni quién pica la correa,
    ni quién siembra los guayabos,
    ni quién saca la jalea,
    ni adónde diablos va a dar
    la bala que chaflanea.
    "Cójame ese trompo en la uña,
    a ver si lo tataratea."
    Ni que yo fuera lechuza
    en campanario de aldea
    para cantar en lo oscuro
    con esta noche tan fea.
    
    El Diablo
    
    Con esta noche tan fea
    El destino de mi sombra
    Con el suyo se carea.
    La ley por la que yo cobro,
    si el fallido regatea,
    echándosela de libre
    
    el que nación con librea,
    ni da plazo, ni da quita,
    ni avala ni prorratea.
    No se cancela en un día
    lo que por vida flaquea.
    Mercaderes del milagro
    contra huracán y marea
    besan el escapulario
    cuando el bongo se voltea.
    Se acuerdan de Santa Bárbara
    sólo si relampaguea.
    
    Florentino
    
    Sólo si relampaguea.
    se le ve lo mal que canta
    por lo bien que sermonea.
    Estúdiese esta cartilla
    a ver si la deletrea:
    el barco en mitad del río,
    el humo en la chimenea,
    el pozo en el morichal
    donde el suspiro sombrea.
    A la luz de la razón
    no hay bulto que yo no vea
    aunque usted con su malicia
    levante esa polvarea.
    
    Siendo bien mansa la mula 
    No importa si lo patea.
    
  • Clopero que canta y toca.

    Coplero que canta y toca.

    El Diablo
    
    No importa si lo patea.
    Una cosa piensa el burro 
    y otra el que no se apea.
    ¡Ay!, catire Florentino 
    escuche a quien lo previene:
    dele tregua a la porfía
    porque tome y se serene,
    para que el ron le dé alivio
    y el dolor no lo envenene
    cuando el lóbrego eslabón
    de la sombra lo encadene.
    
    Florentino
    
    De la sombra lo encadene.
    por mi suerte no se apure
    ni por mis males se apene,
    porque yo nunca he metido
    mi cuchara en sus sartenes.
    Aunque de veras le guste
    la caña con kerosene,
    y el manto de agua lo guise
    y la iguana la rellene,
    no me importa lo que tome,
    señor, ni con lo que cene.
    Me es igual si se me calla
    O la inspiración le viene.
    
    El Diablo
    
    O la inspiración le viene.
    Inspiración se marchita
    en quien humor se reviene.
    discurso fino en lisonja
    asegura parabienes.
    Arte sin pueblo se esfuma
    Como el humo de los trenes:
    sólo con huella en lo que arde
    levanta polvo en las sienes,
    como ala de remolino
    torcida en los terraplenes.
    
    Florentino
    
    Torcida en los terraplenes,
    orillas de verde Arauca
    llamaradas se detiene
    y espantados de lejura
    relinchan los palafrenes.
    Burro no toca flauta
    ni que la flauta le suene
    a mí nunca me atajaron
    en resguardos ni retenes.
    Mostrencos como orejanos
    yo los distingo entre cienes.
    El que lleva contrabando
    no pisa mis almacenes.
    
    El Diablo
    
    No pisa mis almacenes.
    En comercio no se sabe
    quién les da lección a quiénes:
    si el que registra escritura
    donde traspasa sus bienes,
    o quien queda propietario,
    amo de lo que no tiene.
    Ni chanzas dicen amores,
    ni serenidad son desdenes.
    Veremos si no le falla
    la voz cuando se condene.
    
    Florentino
    
    La voz cuando se condene.
    Mientras el cuatro me afine
    y la maraca resuene,
    no hay espuela que me apure
    ni bozal que me sofrene,
    ni quien me obligue a beber
    en tapara que otro llene,
    ni me haga arrollar las mangas
    habiendo tantos jejenes.
    Coplero que canta y toca
    justa ventaja retiene:
    toca cuando le da gana,
    canta cuando le conviene.
    
    El Diablo
    
    Canta cuando le conviene.
    si su destino es porfiar
    aunque llueva y aunque truene,
    le voy a participar,
    amigo que en este duelo
    yo no le vengo a brindar
    miel de aricas con buñuelo;
    vengo a probarle quién soy
    por los bloques que cincelo,
    por los filos que he amellao
    y por los lomos que amuelo.
    Yo le confirmo lo fallo
    Y lo afirme se lo apelo.
    Si se pone malicioso
    no me extraña su recelo,
    que al que lo mordió macagua 
    bejuco le para el pelo.
    
    Florentino
    
    Bejuco le para el pelo.
    Regaños no son castigos
    ni guáimaros caramelo.
    Usté anda en su trapiche
    Y yo mi caña la muelo.
    Entre cantadores canto,
    entre machos me rebelo,
    en quien sabe me confío
    y del que no me conduelo,
    entre palos no me gusta
    por lo vidrioso el ciruelo,
    entre mujeres me sobra
    muselina y terciopelo:
    cuando una me dice adiós
    a otra le pido consuelo,
    si una me niega bizcocho
    otra me da bizcochuelo.
    Desde cuando yo volaba
    paraparas del rayuelo
    vide con la noche oscura
    la Cruz de Mayo en el cielo.
    
    El Diablo
    
    La Cruz de Mayo en el cielo.
    A mí no me espantan sombras 
    ni con luces me desvelo:
    con el sol soy gavilán
    y en la oscuridad mochuelo;
    familia de alcaraván
    canto mejor cuando vuelo;
    voy como el garzón gabán
    por el humo contra el suelo,
    si pico como alacrán,
    pregona el ¡ay! Lo que duelo;
    también como la guabina
    si me agarra me le pelo.
    Le ronco de palo en palo
    Como el araguato en celo,
    también soy caimán cebao
    que en boca e caño lo velo.
    
    Florentino
    
    Que en boca e caño lo velo.
    Velando al que nunca pasa
    El vivo se quedó lelo.
    Me acordé de aquel corrío
    que me lo enseñó mi abuelo:
    "al que me pone la barba 
    lo raspo de contrapelo".
    Para pájaro mañoso
    munición en el revuelo,
    para caimán el arpón 
    para guabina el anzuelo,
    patiquín que estriba corto
    no corre caballo en pelo.
    ¿Con qué se seca las lágrimas
    el que no carga pañuelo?
    ¿Pa qué se limpia las patas 
    el que va a dormí en el suelo?
    
  • Albricias pido señores

    Albricias pido señores.

    El Diablo
    
    El que va a dormí en el suelo
    pega en la tierra el oío:
    si tiene el sueño liviano
    nunca lo matan dormío.
    Los gallos están cantando,
    escúcheles los cantíos,
    los perros están aullando,
    recuerde lo convenío.
    "zamuro de la Barrosa,
    del alcornocal del frío,
    albricias pido, señores,
    que ya florentino es mío".
    
    Florentino
    
    Que ya Florentino es mío.
    Pacto sin consentimiento 
    Es palabra sin sentío.
    ¡Ñéngueres de Banco Seco!
    ¡Tarotaros del pionío!
    Presénteme no más las alas
    Pa´que no pare el corrío,
    que parado vi al inerme
    y corriendo al aguerrío.
    Si usté dice que soy suyo
    será que me le he vendío;
    si me le vendí me paga,
    porque yo a nadie le fío.
    yo no soy rancho veguero
    que le mete el agua al río.
    yo no soy pájaro bobo
    pa estar calentando nío.
    
    El Diablo
    
    pa estar calentando nío.
    No sé si es pájaro bobo
    pero va por un tendio
    con la fatiga del remo
    en el golpe mal medío;
    y en la orilla del silencio
    se le anudará el tañío
    cuando yo mande a parar
    el trueno y el desafío.
    
    Florentino
    
    El trueno y el desafío.
    yo con el que no conozco
    ni me enserio ni me río,
    y me tienen sin cuidao
    arrestos del presumío,
    porque hoy con gloria de ayer
    no se enraiza poderío.
    Barranca en terreno propio
    Es mejor que hato en baldío.
    laudo que ordena despojo
    libera al comprometío.
    Dígale a quien da lo ajeno
    Que me dé no más lo mío.
    
    El Diablo
    
    Que me dé no más lo mío. 
    lo suyo es deuda probada
    con un pagaré vencío.
    Por eso llegue temprano
    Y mi deber lo he cumplío:
    atropellarle el cansancio
    y frenarle el desvarío,
    como si se fuera yendo
    mucho antes de haber venío;
    pa que no vuelva a olvidar
    ni el invierno ni el estío,
    que hoy siendo ayer de mañana
    mañana de ayer ha sío.
    
    Florentino
    
    Mañana de ayer ha sío.
    A mí lo mismo me dá
    tempranero que tardío,
    Que el tarde siempre es temprano
    Pa quien canta amanecío.
    Me gusta escuchar el rayo
    Aunque me deje aturdío,
    Me gusta correr chubasco
    Si el viento lleva tornío.
    ¡Aguila sobre la quema,
    reto al toro bravío!
    ¡Música de los palmares
    por donde no anda el gentío!
    ¡Limpios dedos de la sombra
    pulsando al mundo dormío!
    Cuando esas voces me llaman
    siempre les he respondío.
    Como me puede callar
    coplero recién vestío,
    gastándose una garganta
    tan rebuena... pa un resfrío!
    
    El Diablo
    
    Tan rebuena pa un resfrío.
    Aunque me llame la burla
    mi rumbo no lo desvío:
    Mano a mano y pecho a pecho
    Ando atizándome el brío
    con el fuego del romance
    que es don de mi señorío.
    Yo soy quien soplé ceniza
    en las mieles del labrantío;
    y cuando perdí a mi luto
    cinta del mal florecío,
    ni me olvidé del recuerdo
    ni me acordé del olvío.
    
    Florentino
    
    Ni me acordé del olvío.
    Orillas del olvidar
    recorro mis tiempos íos:
    Cuando poblaban cocuyos
    a las tinieblas del río,
    y en los quebrantos de arena
    con sed de cinco sentíos
    iba zurciendo chaparros
    cordón de luz con rocío.
    Hoy me pongo a inventariar
    la hacienda que no he vendío:
     voluntad que enciende rumbo,
    querencia que apaga hastío,
    pensamiento que campea
    de sol a sol florecío.
    Me queda lo que he enseñao
    Perdiendo lo que he aprendío.
    
    El Diablo
    
    Perdiendo lo que he aprendío.
    Me dío el viento su alma errante,
    la nube su alero umbrío,
    su desamparo el desierto,
    la tempestad su alarío.
    Relámpagos que alumbraron
    desde el horizonte ardío
    nariceando cimarrones
    y sangrando a los rendios
    con la punta e mi puñal
    que duele y da escalofrío.
    
    Florentino
    
    Que duele y da escalofrío.
    Dame campo, pensamiento,
    y dame rienda, albedrío,
    pa ensañarle al que no sabe
    y nunca lo ha comprendío
    cuanto espacio inmenso cabe
    sobre un frente tendío.
    Cimarrones hay que verlos,
    de bueyes no le porfío;
    escalofríos son miedo,
    miedo que nunca lo he sentío;
    puñal sáquelo si quiere,
    a ver si repongo el mío.
    duele lo que se perdió
    cuando no se ha defendío.
    
    El Diablo
    
    Cuando no se ha defendío,
    lo que se perdió no importa
    si está de pies el vencío
    porque el orgullo indomable
    vale más que el bien perdío.
    Por eso a usted me lo llevo,
    centellas por atavío,
    el bongo de veinte varas
    que tiene un golpe sombrío
    más profundo y más amargo
    que ayes del viento y del río:
    rumbo y destino la nada,
    pura peña por avío.
    en la negra madrugada,
    lejano el amanecer,
    se le olvidó a Florentino
    la copla del terraplén.
    
    Emboscada
    
    Florentino
    
    La copla del terraplén.
    Bordones de arpa realenga
    la engarzan hoy como ayer
    a las tonadas del Apure
    y a este golpe barinés
    que lo silban los turpiales
    en la boca del pagüey. 
    
    El Diablo
    
    En la boca del pagüey
    les entro a los remolinos
    con el timón al revés,
    y al rompe sé si el aguaje
    es de tronco o es de pez.
    Por las vueltas y los chorros
    llevo el bongo sin vaivén.
    
    Florentino
    
    Llevo el bongo sin vaivén.
    Así la leyenda cruzan
    cantares de buena ley.
    Romance de mil caminos,
    rosal del marchito pie:
    Cómo perfuma los siglos
    tu rosa sin marchitez!
    
    El Diablo
    
    Tu rosa sin marchitez
    le encarna en color ni espina
    quien la pinta sin pincel.
    Por fin le escucho palabra
    que suspiro yo también
    cuando siento la dolida
    tentación de florecer.
    
    
    Florentino
    
    Tentación de florecer.
    El jazmín del espinito
    besó la tierra y se fue,
    desde la salida de aguas
    hasta que empezó a llover,
    cuando puntea el rocío
    el pasaje del clavel.
    
    El Diablo
    
    El pasaje del clavel.
    Esa música no se oye
    donde el verde no se ve:
    Las garúas cristalinas
    Sólo son para el vergel;
    Para el yermo y los pesares,
    Soplo de impávida sed.
    
    
    Florentino
    
    Soplo de impávida sed
    Arranca fresco susurro
    al palmar de mi caney, 
    donde la tierra callada
    va de merced en merced
    de la pata al samán
    a la orilla del jagüey:
    palo que supo florear,
    pozo soñando correr.
    
    El Diablo
    
    Pozo soñando correr.
    No le envidio al agua inmóvil
    su marchita limpidez,
    de dos en dos sus yaguazos,
    sus garzas de cien en cien,
    desamparada su luna,
    pensativa su mudez,
    desierto de los verdores
    sin vacada ni corcel.
    
    Florentino
    
    Sin vacada ni corcel.
    Mi rumbo no me lo cambian
    presagios de mercader.
    Yo camino con la estrella,
    lirio de luz y de fe:
    aliento de eternidad
    aspiran los que la ven.
    
    El Diablo
    
    Aspiran los que la ven
    cuando va dejando al irse
    servidumbre de volver,
    penitencia de alumbrar
    sin saber dónde ni a quién.
    La eternidad es de todos
    como el odiar y el querer,
    tan sombra como la vida,
    tan dolor como el laurel.
     
    Florentino
    
    Tan dolor como el laurel
    Dolor dan las coplas desnudas
    si matan su verdecer,
    más no las que alzan en mayo
    bucare y araguaney.
    Defiendo lo que tocó
    lucho por lo que soñé.
    Andante de mi destino,
    por serle fiel a lo fiel,
    en brasero de lo humilde
    vi la luz de la altivez
    
    El Diablo
    
    Vi la luz de la altivez.
    Rozador de la amargura
    talo el fondo de mi ser.
    Mi sino es quitar si dieron
    y dar, cuando nadie dé,
    ceniza en la llamarada,
    brazas en la palidez. 
    Por mí espigan en suspiro
    el olvido y el desdén
    y aduermen la frente amante
    cojines que eternicé.
    
    Florentino
    
    Cojines que eternicé.
    Reniego de esos alardes
    que no me importa saber.
    Razón despierta a las cinco
    belleza a golpe de seis,
    cuando bendicen la vida
    en la majada la grey
    y en la cumbrera del rancho
    la seña azul del café.
    
    El Diablo
    
    La seña azul del café.
    Ay, catire Florentino,
    trovador del terraplén,
    que soñó quitar pesares
    y le quitaron la fe,
    que quiso ser toro altivo
    y lo enyugan como al buey,
    apréndase desde ahora
    lo que le falta saber:
    que bajo el cielo marchito
    tan sólo el oro y la miel
    alivian para el quién sabe
    el suspiro de tal vez.
    
    Florentino
    
    El suspiro de tal vez.
    Esas nubes no hacen sombra
    si caminan por sus pies
    el que nunca cuenta males
    porque contó con su bien,
    y el mejor cuento lo guarda
    para contárselo a usté
    cuando descorra sus lutos
    la noche de Santa Inés
    y el alba prenda una rosa
    en el ojal del jagüey.
    
    El Diablo
    
    En el ojal del jagüey
    al vislumbrar su facundia,
    predije su impavidez
    de corsario entre los bravos
    marinos de mi bajel:
    varón para buen comando,
    buen vino y buena mujer,
    porque el destino le puso
    lauro de abismo en la sien.
    
    Florentino
    
    Lauro de abismo en la sien.
    De noche cuando transito
    plegarias de mi niñez,
    vuelan las avemarías
    con la garza del amén.
    Por si me quiere tentar,
    Yo soy como el diostedé,
    "que hace cruz en el agua
    para poderla beber".
    
    El Diablo
    
    Para poderla beber.
    A ese pájaro mendigo
    ojalá nada le den:
    como a mí de los maizales
    le abran mazorca sin mies,
    como yo que sienta el río
    y nunca se sacie en él.
    siguiendo el trazo del humo
    que como azogue lo atrajo
    le salgo por otro rumbo
    a ver si topa el atajo.
    
  • Ahora verán, señores

    Ahora verán, señores.

    Florentino
    
    A ver si topa el atajo.
    Si registró el clarinete,
    no me toque el contrabajo,
    ni me suenen esos platillos
    como carreta en cascajo,
    que todo renglón no es verso 
    ni rimas son conchas de ajo,
    ni el secreto del repique
    es guindarse del badajo.
    El arte es hasta en el cielo
    disciplina sin relajo:
    si un arcángel desafina
    ya el director se distrajo.
    
    El Diablo
    
    Ya el director se distrajo
    pensando en los humoristas
    de escofina y estropajo
    que a quien la cara bajó
    lo apodan "escarabajo",
    al vizconde, "conde bizco",
    y "amarra ajos" al marrano.
    De esos necios pergaminos
    yo arrugué más de un legajo.
    Aunque me vista de nuevo
    respeto el ajeno andrajo:
    Cuando canto con un hombre
    con el grito lo encorajo,
    con la audacia lo sacudo,
    con el numen lo aventajo;
    lo venzo y no lo abochorno,
    lo castigo y no lo ultrajo
    
    Florentino
    
    Lo castigo y no lo ultrajo.
    Yo en refriegas no torturo,
    pero tampoco agasajo:
    si no le echo plomo al tigre,
    me come el tigre el atajo,
    y cuando no halla un becerro
    me atropella el zarandajo.
    Si usted es quien me atosiga
    con mis golpes a destajo,
    ¿qué culpa voy yo a tener 
    si en el retruque lo rajo!
    Contraje mi obligación,
    la misma que usted contrajo:
    fajármele frente a frente,
    frente a frente, me le fajo.
    Zamuros de la Barrosa
    del alcornocal de abajo,
    les presento al pescador
    que nunca saló el tasajo.
    Ahora verán, señores,
    al diablo pasar trabajo.
    
    El Diablo
    
    Al diablo pasar trabajo.
    No mienta al que no conoce
    ni finja ese desparpajo,
    haciéndose el que no duele
    el filo con que lo sajo;
    mire que por esa tierra
    no es primera vez que viajo,
    y aquí saben los señores
    que si las uñas encajo
    lo disperso lo reúno,
    lo entero lo desmigajo,
    lo cuajado lo derrito,
    lo derretido lo cuajo
    al mismo limón chiquito
    me lo chupo gajo a gajo.
    
    Florentino
    
    Me lo chupo gajo a gajo.
    Usté que se alza el copete
    y yo que se lo rebajo.
    No se asusten, compañeros,
    déjenlo que yo lo atajo;
    déjenlo que suelte el bongo,
    pa que coja agua abajo,
    déjenlo pará rodeo
    que yo se lo desparpajo,
    déjenlo que pinte suertes,
    yo sabré si le barajo.
    Déjenlo encajar las uñas
    que yo me las desencajo.
    Déjenlo alzar la cabeza,
    que va a salir cabizbajo.
    Antes que Dios amanezca
    se lo lleva quien lo trajo;
    adelante el caballo fino,
    atrás el burro marrajo.
    ¡Quién ha visto dorodoro
    cantando con arrendajo!
    
    Cuando talla briscas de oro
    el madrugador fanal,
    si me cambió la consonante
    yo se lo puedo cambiar.
    
  • Ecos lejanos repiten

    Ecos lejanos repiten.

    El Diablo
    
    Yo se lo puedo cambiar.
    los graves y los agudos
    a mí lo mismo me dan,
    lo mismo son en tiniebla,
    muchedumbre y soledad.
    A quien dejó lo infalible
    soñando luz del quizá,
    a quien la paz sin la gloria
    cambió por gloria sin paz,
    ¿qué mucho es rimar querella
    con el nunca o el jamás?
    
    Florentino
    
    Con el nunca o el jamás.
    Su aguijón no me zahiere
    ni me emponzoña su mal,
    ni en escombros su despecho
    me arredra su adversidá.
    Porque este pasaje suyo
    es como el del gavilán
    que aguaitando la perdiz
    se topó el águila real;
    y en el pleito que tuvieron
    el águila pudo más
    con el pico que le puso
    el que le dio majestá
    y las alas invencibles
    de quien le enseñó a volar.
    
    El Diablo
    
    De quien le enseñó a volar.
    ¡Ay!, catire florentino,
    cantor de pecho cabal,
    ¡qué tenebroso el camino
    que nunca desandará!
    por negra orilla del mundo
    donde ni suspiros hay,
    ni vuela la corocora,
    ni susurra la torcaz.
    Sin alero ni rescoldo,
    sin luna ni morichal,
    sin alante, sin arriba,
    sin orilla y sin atrás,
    donde olvida patria y nombre
    el que ya no puede hablar.
    
    Florentino
    
    El que ya no puede hablar.
    A nadie le ando escondiendo
    mi estatuto personal:
    mis bienes son lo que doy
    y mi nombre el que me dan,
    domiciliado en mi huella,
    soltero y mayor de edá.
    Cuatro alambradas del cielo
    alinderan mi heredad
    y unen la manga del viento
    al Oriente con mi alar.
    Mi cruz son el horizonte
    Y el rumbo de mi alazán,
    mis expedientes las nubes,
    mi archivo la inmensidad;
    mi renta silbo y tonada,
    caminos mi capital:
    pagué lo que anduve y debo
    los que quedan por andar
    
    El Diablo
    
    Los que quedan por andar
    le toca trocarlos hoy
    con mi rejo en el bozal,
    por la ley que dió la arena
    el rumbo del huracán.
    ¡Ay! catire Florentino,
    trovero de chaparral,
    ¿Qué vale no querer irse
    en voz de quien ya se va?
    ¡Qué delito hay en la  espina
    si uno se quiso espinar?
    ¡Qué son en la nada lóbrega
    verso y música fugaz,
    sino esperanzas que solas
    se desesperanzarán?
    ¡Qué son flechas del amor
    en la irredenta ansiedad,
    sino burlescas y tristes
    carcajadas del carcaj?
    Ya no valen su baquía,
    su fe ni su facultá,
    catire quita pesares,
    arrendajo y turpial.
    Tahures en mi tapete
    tiran sena y ¡siempre el as!
    Rebeldes hacia mi sombra
    no quieren y ¡siempre van!
    
    Florentino
    
    No quieren y siempre van.
    De andar solo esa vereda
    los pies se le han de secar,
    y se le hará más profunda
    la mala arruga en la faz,
    porque mientras llano y cielo
    me den de luz su caudal,
    mientras la voz se me escuche
    por sobre la tempestá,
    yo soy quien marco mi rumbo
    con el timón del cantar.
    Y si al dicho pido ayuda
    Aplíquese esta verdá:
    que no manda marinero
    donde manda capitán.
    
    El Diablo
    
    Donde manda capitán
    usted es vela caída,
    yo altivo son de la mar.
    Ceniza será su voz;
    rescoldo de muerto afán,
    sed será su última huella,
    náufraga en el arenal,
    humo serán sus caminos,
    piedra sus sueños serán,
    carbón será su recuerdo,
    -lo negro en la eternidá-
    para que no me responda
    ni se me resista más.
    Capitán de la Tiniebla
    es quien lo viene a buscar.
    
    Florentino
    
    Es quien lo viene a buscar.
    Mucho gusto en conocerlo
    tengo señor Satanás.
    Zamuros de la Barrosa
    salgan del Arcornocal
    tíñanse las alas negras
    con lebruna claridá,
    de esa que mana el Oriente
    cuando se vuelve el rosal,
    que al Diablo lo cogió el día
    queriéndome atropellar
    y le falló la malicia
    con el último compás.
    
    El Diablo
    
    Con el último compás
    Ni el arte le dará escudo
    ni rezos lo salvarán.
    Vampiros sobre la frente
    -vivo y lóbrego antifaz-
    el presagio del abismo
    en el luto del callar,
    ya lo aguarda el centinela
    de la "Doliente Ciudá".
    Mire sus señas sombrías
    En el fúnebre portal.
    
    Florentino
    
    En el fúnebre portal
    lindero de su garita
    quédese con su guardián,
    que la ley no da tutela
    no haciendo minoridá,
    y yo soy el ruletero
    de mi envite y de mi azar.
    Le abrí parada al destino,
    pero no perdí jamás
    ni el clavel del arrebol
    ni el tapiz del arenal,
    ni del mantel de mi mesa
    el limpio don de mi pan:
    porque regué con sudores
    la siembra del buen soñar;
    y si caminé de noche
    sé que vale mucho más
    un segundo de lucero
    que siglos de oscuridá.
    
    El Diablo
    
    Que siglos de oscuridá.
    Los remolinos del río
    ya suenan bajo su alar:
    antes que el agua le llegue
    suspire el adiós fatal.
    
    Despídase de la luz
    Y medite a suspirar:
    si gime el mal en tiniebla,
    ¿quién alumbra la maldá?
    
    Despídase del amor
    y pregunte al suspirar:
    en cordajes del ensueño,
    ¿quién templa el bordón del ¡ay!?
    
    Despídase de la fe
    y medite al suspirar:
    ¿qué delito es la mentira
    si lo triste es la verdá?
    
    Despídase de las horas
    y recuerde al suspirar
    que a quien penó por lo eterno
    penas lo eternizarán.
    
    Despídase de la cruz
    y no piense al suspirar
    
    Florentino
    
    Y no piense al suspirar.
    Sácame de aquí con Dios,
    Virgen de la Soledá,
    Virgen del Carmen bendita,
    sagrada Virgen del Real,
    tierna Virgen del Socorro,
    dulce Virgen de la Paz,
    serena Virgen de Lourdes
    con tu fuente por altar,
    Virgen de la Coromoto.
    
    Virgen de Chiquinquirá,
    Señora de la Corteza
    que en cedro esculpes tu faz,
    piadosa Virgen del Valle,
    santa Virgen del Pilar,
    Virgen de peña Admirable,
    Patrona del Manantial,
    Fiel Madre de los Dolores,
    dáme el fulgor que tú dás.
    
    ¡San miguel dame tu escudo,
    tu rejón y tu puñal!
    ¡Niño de Atocha bendito!
    ¡Santísima Trinidad!
    
    En compases de silencio
    Negro bongo que echa a andar.
    ¡Salud, señores! El alba
    bebiendo en el paso real!
    

    Ecos lejanos repiten:

    ¡Santísima Trinidá!


Tomado del libro: 
De la tradición y el mito a la literatura llanera. Tercera edición: corregida y ampliada
Autor: Temis Perea Pedroza